El té blanco es el menos elaborado de todos: nada de salteado ni enrollado, solo marchitado y secado, lo que deja la hoja casi intacta. Incluye agujas plateadas y Gòngméi de Fúdǐng — donde se marchita al sol — junto a blancos de Yúnnán. La taza es suave y delicada, de miel ligera y heno, y madura con elegancia: «un año té, tres años medicina, siete años tesoro».
Té blanco
La oferta de esta temporada